A mí me gusta escribir en mi blog. Es su principal función: escribo en él y ya está. Por eso me cuesta poner sólo una foto, un enlace o uno de esos vídeos tan graciosos de Youtube de gatos o animalitos graciosos. Son muy graciosos, pero me cuesta.

A veces asumo que no puedo decir más. Hala, el vídeo de turno. Por eso he puesto la viñeta de arriba:

- ¿Cómo nos conociste?

- A través de vuestro grupo de facebook, “Si nos unimos un millón de personas a este grupo seremos un millón de personas en él”.

- ¡Escuchad! La primera norma del club de la tautología es la primera regla del club de la tautología.

No tengo mucho más que decir. Con las viñetas de xkcd me troncho, que es una gran expresión, y dejo de escribir. Igual mañana me animo y pongo un vídeo de gatos.

Se me enamora el alma

abril 22, 2010

A mí me interesan mucho los grupos de facebook. Hay teóricos de esto, de los grupos y de la identidad virtual. Ésta es la parte que me aburre de los grupos. Lo que me divierte es el resto: los grupos son como un chiste breve. A veces parecen una broma de Eugenio.

Por ejemplo, hay un grupo por ahí que pide que haya una opción en los comentarios para decir “se me enamora el alma”. Esto más que un grupo es una ola virtual, al estilo de Rocío Jurado. Es un homenaje a la más grande, que da para varios blogs y teorías de la identidad y de la canción popular, la sociología del radiocasete y la radio olé veraniega.

A mí me gustaría poder decir “se me enamora el alma” cuando algo de facebook me gusta. Se me enamoraría el alma al hacerlo.

Está también el fenómeno de las señoras, el paradigma de los grupos en la península. Tiene un poco de todo y empieza a parecer un spam masivo, o lo parece desde hace tiempo, pero a veces tiene gracia.

Hay una versión de actualidad de las señoras. Cuando eliminaron, una vez más, al Madrid en octavos de la Copa de Europa (a mí me gusta llamarlo así, nada de Champions League): “Señoras que pasan de octavos antes que el Madrid”. Está la versión costumbrista: “Señoras que mandan con el móvil mensajes en blanco a sus hijos”. Y cientos de señoras más, cada una con sus cosas.

A veces me encuentro un grupo de señoras y me sonrío. Pienso que esto podría ser un grupo a la vez, un metagrupo: “A veces me encuentro un grupo de señoras y me sonrío”. Sería la versión sentimental de las señoras.

Como dicen en los concursos de la televisión, pido a España que cree este grupo para regocijo de los 500 millones de usuarios de facebook (usuario arriba, usuario abajo). Se me enamora el alma con estas cosas.

140 palabras de soledad

marzo 19, 2010

Por qué la gente utilizará twitter. Ya se sabe, mensajes de 140 caracteres como máximo sobre cualquier tema, asunto o pasatiempo, a menudo nada, la nada más cotidiana e insignificante. “Estoy en el metro”, “me compro un café”, “se me ha caído el café”, “no me gusta el café”.

Lo llaman ‘microblogging’. Hace unos días alguien teorizaba: sobre todo, utilizamos twitter por exhibicionismo.

En su primera acepción la RAE señala que “exhibicionismo” se refiere al “prurito de exhibirse”. Está bien lo de “prurito”. En la segunda: “perversión consistente en el impulso a mostrar los órganos genitales”. Pues eso, quizá estemos en twitter por exhibicionismo.

Es una posibilidad. Otros supongo que utlizarán twitter por activismo, por amistad, por hiperactividad, por motivos comerciales, por motivos inconfesables, por encontrar un motivo. A saber.

Michael Musto, extraño columnista de ‘Village Voice’, vuelve a la soledad de las redes sociales para abordar el tema. ¿Por qué otra razón, se pregunta Musto, millones de personas se tomarían tiempo en enviar mensajes como “preparando una sopa de zanahorias y quizá patatas y cebollas doradas?”. Por que están, estamos, solos en el mundo.

A continuación, Musto se pone serio. Con este tipo de mensajes (“en la cola del pan” o “Llegando al trabajo”) la gente quiere contar las pequeñas cosas que hace con la esperanza de que otros lo hagan suyo y se sientan acompañados. En fin, la soledad digital.

Aquí estoy, escribiendo sobre twitter a la espera del tercer cuarto del partido de los Knicks, disfrutando de un pequeño momento de soledad.

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