Dice Del Bosque en El País que el entrenador nunca está contento del todo. Del Bosque es un entrenador melancólico. Nunca está contento del todo porque no existe el día perfecto y los partidos nunca se acaban de ganar, supongo. Del Bosque es un entrenador forjado en los filiales, la poca verdad del fútbol, y tiene otra perspectiva. La alegría es para Maradona.

La melancolía de Del Bosque es la tristeza que sigue al fin de la fiesta, al chupinazo de San Fermín, a Septiembre. Cada chupinazo es uno menos, como las horas, y sobre todo los recuerdos de los anteriores, cuando todo era mejor. Ya se sabe: lo que se perdió ya no se recupera.

Del Bosque es la dignidad del fútbol, que no anda precisamente sobrado de ella, más bien lo contrario: parece una fiesta barata de Ibiza, con luces de discoteca y música atronadora, para no pensar. El fútbol es un programa de la televisión basura con los comentaristas con la hipérbole colgada del cuello. Una tertulia política, con perdón.

El fútbol de Del Bosque es otra cosa: es la melancolía del juego infantil, la fiesta africana del Mundial, la nostalgia de vivir. La última década del Madrí se perdió porque prescindieron de Del Bosque, que sabía de dónde venía y sobre todo hacia dónde. Desde entonces estamos con el pelotazo intelectual, tan poco productivo aunque rinda tanto en los periódicos.

Del Bosque es el alma del Mundial, el antimaradona, todo histrionismo. Si España gana algo será, sobre todo, porque Del Bosque está con sus melancolías y no se pierde con la algarabía de las serpentinas y las vuvuzuelas.

El Madrí

mayo 24, 2010

Del equipo de fútbol te haces en la primera infancia, con los amigos y la televisión en blanco y negro. Yo era, primero, del equipo de Santillana, Camacho, Miguel Ángel en la portería, Stielike. Luego fue la Quinta del Buitre, Hugo Sánchez y ya está, del Madrí para siempre.

La primera camiseta que tuve del Madrí tenía el nueve a la espalda, de Santillana. Eran camisetas blancas, sin adornos ni publicidad ni el nombre del jugador. Eran camisetas sin tatuajes.

Mi hermano tenía la de Camacho. Salíamos a jugar con las botas de tacos y le dábamos patadas al balón contra la pared, en el césped del invierno.

Yo soy de ese Madrí, que ganó dos copas de la Uefa, que era una competición estupenda, y perdía siempre con el Milán de Van Basten, Gullit, Rijkaard. Esto de Mourinho, Florentino y Valdano es una conspiración para vender periódicos.

En la universidad, el año que pasé en Holanda, fui al campo a ver la final contra la Juve de Zidane, imponente. Hasta entonces, e incluso después de ganar, me parecía el mismo Madrí de siempre: irregular, con recursos en unas cosas pero muy justo en otras. No era un gran equipo, pero todavía era el nuestro.

El Madrí dejó de existir hace tiempo, perdido en la pasarela, en la burbuja tan ibérica y con tan poco futuro, todo para hoy. Veo el fútbol, cada vez más, desde la distancia. No vi la final de la Eurocopa, estaba durmiendo. Veré el mundial, eso sí, porque está Del Bosque.

Veo el fútbol desde la distancia. Prefiero el baloncesto, el béisbol. Estos días juegan en Nueva York los Yankees contra los Mets. Me gustan los dos equipos, disfruto del juego sin pasiones. Y cuando ganan los Mets, el equipo pobre, sonrío.

Ahora que ha ganado el Atleti somos más felices. Ya sabemos un poco mejor quiénes somos. Somos los del Atleti, el equipo que ha ganado. Esto está muy bien porque la crisis nos está dejando confusos y nos gusta ganar, sobre todo, y pasear en descapotable por el Manzanares, aprendiz de río.

Antes, cuando la riqueza, no sabíamos quiénes éramos, pero lo disimulábamos cambiando de coche cada temporada, o acumulando hipotecas de casas cada vez más caras, que nos estábamos forrando con tantas casas, todas juntas como un manojo de flores de plástico. Qué felices pero qué tontos éramos cuando éramos ricos y podíamos tomar varios helados de postre, como los ricos.

Ahora que somos del Atleti está todo mucho más claro. Si además llegamos a la final del mundial sudafricano, y no digo nada si la ganamos, ya todo mucho mejor de lo nuestro. Nuestra crisis, que digo que es bursátil y existencial, se cura a golpe de triunfos, como el tute, y de paso nos consolidamos como país en vías de desarrollo, que diría Umberto Eco de Italia, nuestro querido vecino en casi todo.

Cuando éramos nuevos ricos nos gustaban el Madrí y el Barça, que son más de visón y de conquista. Cristiano Ronaldo es tan bueno como figurín, yo soy de La Quinta del Buitre. Las iluminaciones de Guardiola están bien para un rato, como Valdano, que parece un profeta de la cienciología. Todo es mucho más verdad con el Atleti, más desgarrado, más cornadas da el hambre, que es lo nuestro, la carretera y la manta.

Nos reconocemos en el Atleti como en los romances de tonadilleras y en la desamortización, que diría Umbral, en el campo de donde nunca debimos salir. El Atleti nos ha sacado de pobres y nos devuelve a nuestro mundo, a la euforia colectiva. Antes de la crisis España era el país con más rubias del mundo porque nos gustan mucho las suecas, como a Alfredo Landa, y las mechas las gastábamos como monedas en la tragaperras, tan castiza con la música de coches de choque y el algodón de color rosa.

Ahora que somos del Atleti ya está todo arreglado, podemos volver a la caverna, donde estábamos tan contentos pintando bisontes, y esperar otros dos mil años a que alguien los descubra. Mira, la Capilla Sixtina de la crisis. Qué listos y qué pobres eran en Iberia y por ahí.

La corneta futbolera

marzo 25, 2010

Como esto es un blog se alimenta de todo lo que tiene a su alcance. Ya se sabe que los medios tradicionales son más serios y prefieren copiar al New York Times, una voz más autorizada.

Sobre todo, me gustan las redes sociales, que te nutren y dan esplendor en este mundo virtual donde a cualquier cosa se le puede poner una “i” por delante y ya tenemos nuevo invento. Así surgió la historia que voy a contar a continuación. Advierto que es digna de estudio por las universidades, confidenciales de la cosa, almanaques virtuales y otras publicaciones de renombre.

El otro día, lo dejaré sin precisar que es más literario, escribí un breve mensaje en facebook a una antigua compañera en manos de la buena vida y saca la casete para el personal que vamos a hacer un güateque. Me respondió con un mensaje que incluía lo siguiente: “corneta futbolera”.

El verbo se hizo carne en la red social. La corneta futbolera 2.0, la iCorneta, la musa digital. Y ya tenemos tema e incluso paradigma.

La corneta futbolera es un instrumento popular de la familia de las cornetas. Sus hijos menores son el cornetón, la cornetilla, la cornucopia y cornualles. Soplas y hace ruido, soplas y suena la novena sinfonía o soplas y suena “Camino verde”. Esto depende de la maña del soplador y del ambiente, que tanto nos condiciona como buenos animales salvajes.

Si el ambiente es de cabra sobre el campanario y el pueblo encendido, la corneta parece un bufido. Si nos vestimos con elegancia y nos ponemos un piercing de perlas, suena a orquesta sinfónica.

En el fútbol, básicamente, la corneta futbolera emite un ruido profundo y gutural que nos lleva al pasado, a la conquista de las estepas, al hombre cubierto de pelo. Aquí te pillo, aquí te mato, gol y otros argumentos de la guerra preventiva.

Cuando el contexto se pone más grave alguien puede decir ‘orsay’, castellanización del más anglosajón pero lánguido ‘off side’. La corneta, en cualquier caso, no sufre transmutación alguna.

Vuelvo a la interné, la musa. Como la conversación virtual es permanente y circular, ya lo dicen los teóricos, al rato de recibir el mensaje con “corneta futbolera” este blog respondió raudo y veloz: “Dale a la corneta, sin miedo, que no muerde”.

Aludía al grito de guerra de los aficionados, especialmente si son nacidos en Borussia o con botellín en la mano en la zona conocida antes como Chamberí. Hay que decir que el mensaje no lo escribió el blog. Todavía no es un iBlog, no tiene autonomía. Lo escribí yo mismo pero en nombre virtual y disperso, más anónimo. La conversación, en cualquier caso, siguió su curso.

He aquí un nuevo paradigma. Las redes sociales son tan literarias. Abren un nuevo horizonte a la literatura 2.0. o iLiteratura (no confundir con iletrada o, en su versión masculina, iletrado, como un servidor).

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.