El bebé de Frank
mayo 18, 2010
En 1957 la revista ‘Camera’ publicó una carta de Gotthard Schuh dirigida a Robert Frank, inmerso entonces en ‘The Americans‘, su trabajo sobre Estados Unidos publicado por primera vez en 1958. “No conozco América, pero sus fotografías me asustan”.
Schuh había publicado como editor las primeras fotos del joven talento suizo. No creo que se asustara con facilidad.
Escribo y pienso de vez en cuando en ‘The Americans’, un libro que te asusta cada vez que paseas por sus páginas, por las historias que narran sus imágenes. Robert Frank: la nostalgia, tan fotogénica, la profunda melancolía del retrato fotográfico.
Una de las imágenes que más me gustan es, en apariencia, plana: una mujer negra, un bebé blanco y al fondo una calle en algún lugar de Estados Unidos, en verano a juzgar por la ropa de los retratados. Es la imagen que ilustra este texto.
El fondo de la imagen es la poesía: la historia de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, una gran desconocida en España y quizá también en Europa, que vivían entonces y ahora su propia épica. Fue un movimiento intenso y dramático que culminó después de décadas con una auténtica revolución social, y ahí sigue.
Hay testimonios, novelas apasionantes, discos que lo cuentan, con sus ciudades y sus suburbios, como ‘The Jungle‘, de Upton Sinclair. O el reciente ‘The Bridge’, de David Remnick, sobre la forja de Obama.
En fin, la foto de Robert Frank: un bebé y una mujer, la pequeña y la gran historia. La mujer sería quien cuidara del niño mientras sus padres trabajaban y progresaban, si alguien entiende qué quiere decir de verdad esto, el progreso.
En la tercera temporada de ‘Mad Men’ Carla cuida de los hijos de Don y Betty. Carla es la verdadera figura maternal de los dos niños, que ven a sus padres desde lejos, quizá con admiración pero desde lejos, como un anuncio de televisión.
Cuando veo ‘The Americans’ me pregunto qué fotos haría Robert Frank si emprendiese de nuevo su viaje, de costa a costa. La foto del bebé y la mujer podría repetirla sin problemas: en cualquier parque, en cualquier guardería, mezclados con algunos padres despistados como nosotros.
El señor Ronis
abril 26, 2010
La fotografía quizá dejó de existir cuando llegó el digital, con toda su descarga eléctrica. Esto es una exageración y seguro que una ’boutade’ (aunque tenga poco de ingenio). Cuando veo las fotos de Willy Ronis me da por pensarlo.
Al menos la fotografía sentimental, sutil y emotiva de Ronis parece complicada en estos tiempos, que también es un tópico. Habrá cientos de ejemplos para desmontarlo, pero bueno, insisto. No parece una cuestión técnica sino de tiempo, de ritmo, de pausa. Y hay poco de esto en la fotografía digital, tan en la moda y en la vorágine. Cada fotografía con su tiempo.
En un texto estupendo, elmundo.es ha publicado una reseña de una exposición que también es una nota biográfica de Ronis. Unas pocas fotos lo acompañan: Ronis con los trabajadores, Ronis con la gente, Ronis y sus mujeres, Ronis y sus desnudos (de mujeres, no el suyo propio). El fotógrafo retrató a las mujeres como pocos.
Una de sus imágenes es también un icono de un tiempo: una mujer desnuda, iluminada por la luz que entra por la ventana, frente a un lavabo blanco, el claroscuro, la madera, los pies, el pelo. En el suelo, una jarra. Casi se toca el agua fresca y limpia sobre la mano de la mujer.
Toda la sensualidad de la fotografía, su carga emotiva, están ahí, en la mujer, y en otra de las imágenes que recoge elmundo.es: “Desnudo con jersey de rayas”. O en la imagen de este blog: “Desnudo frente a la ventana”.
Ronis y sus mujeres sin rostro, tumbadas sobre el suelo, desnudas y plácidas. El fotógrafo las observa, pero ellas están ajenas a la cámara, a su mundo y a la mirada del fotógrafo.
Es 1970 pero podría ser cualquier otro año. La fotografía es más bien la juventud, la elegancia, la sensualidad y el erotismo, tan profundos como el aparente desdén de las retratadas por el parpadeo de la cámara. Es París aunque sea una playa o cualquier rincón del mundo. Es, en fin, otro mundo que ya no existe.
Las fotografías de Ronis son un relato. El problema, si lo hay, no es la cámara, ni el dilema artificial entre lo analógico y el digital. Es otra cosa: la mirada de entonces. Cada tiempo con su tecnología. Cada mujer con su retrato.
Claro, que ahí está Ryan McGinley: I Know where the summer goes. Y los párrafos anteriores ya no valen.
Jim Marshall
abril 13, 2010
Abro la última edición de Rolling Stone. Es una revista pequeña, escuálida, que ya no reconozco salvo por la cabecera y por la cuidada fotografía. En el interior hay dos reportajes que me interesan: Eryka Badu, en su casa de Dallas, y un perfil sobre Jim Marshall, el fotógrafo del rock.
Dicen que el fotógrafo enloquecido y psicodélico que representa Dennis Hopper en ‘Apocalypse Now’, una película que disfruto cada vez que la veo, está inspirado en Marshall: varias cámaras colgadas el cuello, excitado, hiperexcitado, huidizo.
Los fotografió a todos los grandes del rock y del jazz, especialmente a partir de los años 60. Marshall, en su paraíso artificial particular, en busca de Kurtz, río arriba, hacia el corazón de las tinieblas.
Resulta un tanto paradójico leer su obituario en este revista que se parece tanto a ‘Rolling Stone’.
Delicatessen
marzo 6, 2010



