Radio Raheem se pasea  por Stuyvesant Avenue con un ‘loro’ sobre el hombro y un mensaje en sus nudillos: amor, odio. El barrio, en Brooklyn, es Bedford-Stuyvesant. ‘Do the right thing’ (1989), la fabulosa película de Spike Lee, está rodada íntegra en la Avenida Stuyvesant. Por allí desfilan el propio Spike Lee, John Turturro, Rosie Pérez y una larga lista de secundarios que merecen todos su propia película.

Se podría hacer un artículo sólo con las referencias a los héroes locales que se citan: Martin Luther King, Farrakhan, Malcom X, Public Enemy, Prince, los puños de Muhammad Ali. Al fondo, sobre una fachada de ladrillo, aparece la silueta de Mike Tyson. En uno de los diálogos se menciona a Dwight Eugene Gooden, conocido también como Doc Gooden o Dr. K.

Doc Gooden ha sido uno de los mejores pitchers de los útimos 30 años. Spike Lee, siempre cercano a los debates deportivo-raciales, opone su figura a la de Roger Clemens, afroamericano frente a blanco. Los dos eran lanzadores: Clemens en los Yankees y Gooden en los Mets, el equipo pobre de Nueva York.

Clemens, apodado The Rocket, se retiró después de una larga y exitosa carrera de 23 años. A mediados y finales de los 90, Gooden formaba con Darryl Strawberry una de las mejores parejas de la liga de béisbol. El debate era quién era mejor: Gooden o Clemens.

Gooden era un auténtico fenómeno, pero el alcohol y la cocaína lastraron su carrera. Ya retirado reconoció que llegó a jugar bebido o después de unas pocas horas de sueño tras una larga noche de excesos. Aún así, lanzaba con destreza. Su estreno fue fulgurante, pero nunca pudo satisfacer las expectativas salvo en momentos puntuales.

Hace sólo unos días Gooden volvió a los periódicos. La policía lo detuvo por “conducir bajo los efectos de las drogas”. A pesar de todo, los Mets siguen adelante con su candidatura al Hall of Fame.

A finales de los 80, cuando Radio Raheem se paseaba por Bed-Stuy con un gran aparato de música al hombro, nadie dudaba de que Dr. K sería uno de los grandes. El debate era quién era mejor: Gooden o Clemens.

George Gershwin se llamaba en realidad Jacob Gershovitz. Nació en Brooklyn a finales del siglo XIX en una familia de inmigrantes rusos de origen judío. Cada vez que escucho a Sufjan Stevens pienso en la enorme influencia que ha tenido en la música del siglo XX.

Ignoro cuándo se cambió el nombre (tampoco cuándo George Santayana dejó de ser Jorge). En cualquier caso, Gershwin creó un estilo: en las bandas sonoras del cine, en los arreglos orquestales de la música popular, en los grandes musicales, en la canción americana. Gershwin está en todas partes, unas veces recargado y almibarado; otras, esencial y afinado, como en los discos de Sufjan Stevens.

Para culquier duda: ‘Porgy and Bess‘, Miles Davis (1958).

Vuelvo a Stevens. ‘Greetings from Michigan’, en ‘Illinois’, en ‘The Avalanche’ (los descartes y tomas extras de ‘Illinois’), ‘The BQE’. Los arreglos de viento tienen un protagonismo esencial. Supongo que los arreglos deben ser esto: esenciales. Para decorar ya está la portada del disco.

Gran parte del sonido de Stevens se basa en estos arreglos. Los metales suenan a Gershwin. Nada de cuerdas: metales, trompetas.

Podría cundir el ejemplo, pero a saber lo que pueden hacer algunos productores desalmados con el pobre Gershovitz.

Bienvenidos a Brooklyn

marzo 6, 2010

Uno de los puentes que atraviesa Manhattan cruza del Lower East Side, la “losaida” dominicana y latina,  a Williamsburg, Brooklyn. Otro Nueva York. Para algunos, el único y verdadero. Dicen que Manhattan es otra cosa.

A tree grows in Brooklyn“, de Betty Smith, recrea Williamsburg en las dos primeras décadas del siglo pasado: carnicerías ‘kosher’, partidos de béisbol en la calle, peleas de niños, hambre, sopas y camisas almidonadas, las ventanas a la calle. En el barrio había caballos.

El libro es un cuento familiar, una recreación adolescente del sueño americano de prosperidad. La protagonista, una niña, se despide de su infancia y de Brooklyn. Elia Kazan hizo una película en 1946, unos años después de su publicación.

Aquel Booklyn ya no existe (tampoco hay alemanes en Yorkville).

Williamsburg es el centro de la vida artística de Nueva York. El Village ya es un museo. Los artistas, los escritores, los músicos, los pintores viven allí, en los alrededores de Prospect Park, frente al cementerio. Incluso el viejo puerto, Red Hook, un escenario perfecto para una temporada de ‘The Wire’, se recicla. Las antiguas fábricas y almacenes empiezan a reconvertirse en amplios y cotizados lofts.

El fenómeno del ‘gentrification’, el aburguesamiento de los barrios, no es exclusivo de Manhattan. Las viejas familias que vivían en los alrededores de Prospect Park, el barrio de Paul Auster, el ‘Central Park’ de Brooklyn, tienen que irse a Queens.

Cuando los Nets se muden a Brooklyn, a Grand Army Plaza, no sé qué va a ser de Manhattan. Quizá, un día, cuando llegues al aeropuerto JFK te salude un gran cartel: “Bienvenidos a Brooklyn”.

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