El Zidane del béisbol

abril 4, 2010

En Nueva York estos días de principios de abril la temperatura ha superado los 20 grados. El sol pegaba con fuerza. En Boston, el domingo ha hecho 30 grados. Un presentador de la televisión comentaba divertido que el 4 de julio tendrá que helar, para compensar.

Fenología deportiva: el comienzo de la liga de béisbol anuncia el verano, o la llegada del buen tiempo anuncia el inicio de la liga de béisbol. Nueva York y Boston, los dos grandes polos de la costa Este con permiso de Washington, abren la liga el domingo 4 de abril.

Los Yankees son un gran equipo. Tienen un grupo brillante de bateadores. Ganaron el campeonato el año pasado y podrían volver a hacerlo este verano. Boston Red Sox es, quizá, el tercero de su grupo después de Tampa Bay Rays. El partido es el gran derbi del Este.

Quizá lo he escrito antes: el béisbol puede ser el deporte más elegante. Entre los deportes americanos, en Europa se aprecia más el fútbol americano, dinámico y explosivo, y existe afición al hockey sobre hielo, donde los canadienses mantienen una dura pugna con Estados Unidos. El béisbol en Europa apenas existe.

Me repito también: bastaría con poner el cierre de los partidos de los Yankees, cuando Mariano Rivera aparece en escena para lanzar, para mostrar las virtudes de este deporte. La tensión, la psicología, la resistencia, el duelo solitario de los bateadores, la melancolía de los pitchers. Philip Roth escribió un libro sobre béisbol y lo tituló “La gran novela americana”.

Ocho de la noche, noche de verano en Boston, una gran noche para un partido de béisbol. Mariano Rivera, el Zidane del béisbol, el gran ‘closer’ del campeonato, cerrará el partido. Empieza la liga de béisbol, llega el verano.

Radio Raheem se pasea  por Stuyvesant Avenue con un ‘loro’ sobre el hombro y un mensaje en sus nudillos: amor, odio. El barrio, en Brooklyn, es Bedford-Stuyvesant. ‘Do the right thing’ (1989), la fabulosa película de Spike Lee, está rodada íntegra en la Avenida Stuyvesant. Por allí desfilan el propio Spike Lee, John Turturro, Rosie Pérez y una larga lista de secundarios que merecen todos su propia película.

Se podría hacer un artículo sólo con las referencias a los héroes locales que se citan: Martin Luther King, Farrakhan, Malcom X, Public Enemy, Prince, los puños de Muhammad Ali. Al fondo, sobre una fachada de ladrillo, aparece la silueta de Mike Tyson. En uno de los diálogos se menciona a Dwight Eugene Gooden, conocido también como Doc Gooden o Dr. K.

Doc Gooden ha sido uno de los mejores pitchers de los útimos 30 años. Spike Lee, siempre cercano a los debates deportivo-raciales, opone su figura a la de Roger Clemens, afroamericano frente a blanco. Los dos eran lanzadores: Clemens en los Yankees y Gooden en los Mets, el equipo pobre de Nueva York.

Clemens, apodado The Rocket, se retiró después de una larga y exitosa carrera de 23 años. A mediados y finales de los 90, Gooden formaba con Darryl Strawberry una de las mejores parejas de la liga de béisbol. El debate era quién era mejor: Gooden o Clemens.

Gooden era un auténtico fenómeno, pero el alcohol y la cocaína lastraron su carrera. Ya retirado reconoció que llegó a jugar bebido o después de unas pocas horas de sueño tras una larga noche de excesos. Aún así, lanzaba con destreza. Su estreno fue fulgurante, pero nunca pudo satisfacer las expectativas salvo en momentos puntuales.

Hace sólo unos días Gooden volvió a los periódicos. La policía lo detuvo por “conducir bajo los efectos de las drogas”. A pesar de todo, los Mets siguen adelante con su candidatura al Hall of Fame.

A finales de los 80, cuando Radio Raheem se paseaba por Bed-Stuy con un gran aparato de música al hombro, nadie dudaba de que Dr. K sería uno de los grandes. El debate era quién era mejor: Gooden o Clemens.

El bigote de Giambi

marzo 9, 2010

El día que firmó con New York Yankees por siete temporadas y 120 millones de dólares, Jason Giambi se cortó el pelo y se afeitó la perilla. En 2001 los Yankees estaban en transición. Se les había pasado Manny Ramírez, 12 veces All-Star, un fenómeno. Habían perdido las series finales en la novena entrada del séptimo partido después de tres años de gloria, es decir, en la prórroga de la prórroga. Giambi era su apuesta.

Pocos jugadores han recibido tantos elogios y tantas críticas. Fue uno de los mejores. Salió vivo de un escándalo que afectó a la liga de béisbol por el uso de esteroides. Reconoció que los había consumido y cooperó con la investigación. También sobrevivió a los Yankees, el gran equipo americano.

En 2008, el bigote de Giambi fue uno de los fenómenos de la temporada.

Era su último año en los Yankees. Había empezado realmente mal, con unos porcentajes muy inferiores a su media. Se dejó bigote. Un bigote generoso, propio de los años setenta, de bajista de Grateful Dead. Empezó a batear mejor. “Giambi + bigote = All Star”. Ciencia.

Cada vez que salía al campo, aumentaba la expectación. ¿Volverá el mejor Giambi? ¿Se habrá afeitado el bigote?

Esos días la CNN emitió durante varios días un vídeo. Sacaba a distintas personas con bigote. La moda Giambi. “Incluso las mujeres quieren dejarse bigote ahora”, rezaba un blog sobre béisbol.

El año 2008 fue el último de Giambi en los Yankees. La siguiente temporada, en el verano de 2009, volvió a Oakland Athletics. Su antiguo equipo ganó las series mundiales después de una década sin triunfos.

Seguirá, por lo menos, otro año más. Este verano jugará en Colorado. Habrá que verlo.

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