Carter Obama

septiembre 21, 2010

Por un momento he tenido la tentación de escribir de política. Leí en ‘New Yorker’ un texto sobre las memorias de Walter Mondale, durante cuatro años vicepresidente de Carter, y me interesó su punto de vista sobre Obama y este otoño de 2010. Curioso el título del texto: “Vuelta a los setenta” (“Back to the seventies”).

Parece aceptado que el fenómeno Obama está en crisis, algunos consideran que profunda. Mondale analiza la situación, habla con temor de la vuelta a la situación de finales de los años 70 y da algunos consejos a partir de su experiencia con Jimmy Carter, que ya se sabe cómo acabó: Reagan ganó las elecciones en 1980 y Carter se volvió a casa al término de su primer mandato, algo que no ocurría desde 1932 con Hoover.

Carter luego recibió el Nobel de la Paz y Reagan, durante su presidencia, marcó una época.

Mondale se teme otro Carter. Básicamente, le advierte a Obama de que el encantamiento ya ha terminado, que deje de leer los discursos, que mire a los ciudadanos a los ojos y que asuma que con 15 millones de parados lo tiene crudo. Más o menos, la cruda realidad según Mondale.

También parece que el veterano político, cuyas memorias se titulan “The good fight: a life in liberal politics”, pone la venda antes que la herida. Mondale teme un desastre en las próximas elecciones al Senado del dos noviembre (en juego 37 de 100 escaños) e incluso plantea la sombra de unas nuevas primarias dentro del partido demócrata al término del primer mandato de Obama, como le ocurrió a Carter con su viejo amigo (si existen en la política) Ted Kennedy.

En otro artículo, no sé dónde lo leí, quizá en ‘New York Magazine’, el análisis de la crisis era más directo: lo que le pasa a Obama es que no sabe gustar. Una cosa era el fenómeno, “Yes, we can” y su exquisita iconografía, y otra la política diaria, el desgaste inevitable, la crisis, el paro y la agitación del Tea Party. Bush (hijo), Clinton, Reagan sabían gustar. Obama, parece, no.

Será interesante leer las memorias de Mondale: su vicepresidencia con Carter, las primarias frente a Jesse Jackson, su segundo fracaso ante Reagan…

¿Y si hubiera de nuevo primarias en el partido demócrata? No, imposible.

Otro día escribiré de berenjenas con tomate, mucho más apetitoso.

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