Los mejores crucigramas

junio 7, 2010

Por la mañana, en una de las paradas del metro se subió un hombre de aspecto cansado y veterano. Lo describiré así: traje de rayas, zapatos relucientes, camisa blanca y una corbata que parecía de un antiguo club universitario de muebles de madera. Un aspecto impecable que no evitaba que el hombre pareciera cansado, esforzado en mantener su rutina.

Tenía el pelo blanco, un minúsculo aparato para personas con problemas auditivos en cada oído y un viejo maletón de piel marrón entre las mano que acentuaba su aspecto tradicional, de viejo banquero. Sólo le faltaba el sombrero.

En el metro se agarraba con dificultad de la barra del techo. A primera hora no cabe ni un alma. Una chica le cedió su sitio. Lo aceptó con amabilidad porque lo necesitaba.

Cuando se sentó colocó el maletón sobre sus rodillas, lo abrió y sacó el periódico. Era un periódico clásico, grande, bien diseñado. Estos días ha lanzado estos días una campaña de publicidad que empapela las paredes de los vagones de la línea verde, a lo largo del Este de Manhattan.

El hombre dobló el periódico y se puso a hacer el crucigrama. Cuando llegó a su parada lo dobló, lo guardó en el maletón y siguió su lento y pesado camino, como un viejo elefante, hacia Wall Street.

Los mensajes de la campaña de publicidad del periódico son grandilocuentes. Los anuncios son llamativos, con varios mensajes que se suceden de un vagón a otro cada vez sobre una fotografía distinta de Nueva York.

Está bien, pero falta un mensaje: “Los mejores crucigramas”.

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